martes, 14 de agosto de 2012

Lágrimas derramadas en una copa de vino.

Mientras el tiempo se le escapaba de las manos, su vida era un laberinto sin salida. Allá por donde quisiera llegar no existía ningún final. La noche se precipitaba eterna, alimentando cada lágrima que vertía en su copa de vino. Envenenada hasta llegar a perder el juicio y desear una vez más la muerte que la abrazara. El dolor rasgaba su alma hasta quebrarla de agonía y odio. ¿Dónde estaba el amor en ese momento para hacerla olvidar del pasado? Pasado que la torturaba hasta desvanecerla sin sentido junto al alcohol. Alguna mano caritativa para recoger los pedazos de corazón roto... Alguna esperanza por ver brillar de nuevo sus ojos y no padecer la oscuridad eterna en su alma llena de mugre. Nadie la obsequiaría con un te quiero o una dulce caricia sobre el rostro. Ella permanecía apoyada en la ventana viendo pasar el tiempo mientras emborrachaba a su corazón por falta de calor. Solía cantar a la luna, al viento y a las desconocidas sombras que se escondían tras la puerta. Ella no poseía nombre alguno... ella era única.

Esa Guitarra.

Cada noche era mágica para sus ojos, sentía como naufragaba en un sueño siendo realidad. Su cuerpo deslumbraba toda la juventud que un día poseyó. Sus ojos encarnaban una bestia jamas vista  por el hombre, pero si por el. Ella se acurrucaba en el sofá esperando a escuchar su dulce melodía. La  luna expectante a verla sonreír como cada noche la hacia señales desde el cielo. Los árboles revoloteaban al presenciar una historia de amor cantada y palpada por los sentidos. Como una niña de quince años esperaba    
a oír las primeras letras  por sus labios, palabras que emergían del corazón, coloreando una noche brillante.
 Hipnotizada  por el sonido de la guitarra y el movimiento de sus dedos sobre las cuerdas, imaginaba que se convertía en guitarra para ser una vez mas acariciada por el. El mundo se paraba por un instante y el silencio presenciaba las miradas llenas de complicidad por dos almas perdidas en el lejano tiempo.
Cada noche era mágica para mis ojos, para mis labios... vuelve a cantarme como cuando nos amábamos bajo la luna. Cierro los ojos y ahí estas.