martes, 14 de agosto de 2012

Lágrimas derramadas en una copa de vino.

Mientras el tiempo se le escapaba de las manos, su vida era un laberinto sin salida. Allá por donde quisiera llegar no existía ningún final. La noche se precipitaba eterna, alimentando cada lágrima que vertía en su copa de vino. Envenenada hasta llegar a perder el juicio y desear una vez más la muerte que la abrazara. El dolor rasgaba su alma hasta quebrarla de agonía y odio. ¿Dónde estaba el amor en ese momento para hacerla olvidar del pasado? Pasado que la torturaba hasta desvanecerla sin sentido junto al alcohol. Alguna mano caritativa para recoger los pedazos de corazón roto... Alguna esperanza por ver brillar de nuevo sus ojos y no padecer la oscuridad eterna en su alma llena de mugre. Nadie la obsequiaría con un te quiero o una dulce caricia sobre el rostro. Ella permanecía apoyada en la ventana viendo pasar el tiempo mientras emborrachaba a su corazón por falta de calor. Solía cantar a la luna, al viento y a las desconocidas sombras que se escondían tras la puerta. Ella no poseía nombre alguno... ella era única.

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